Nunca hubo tanto contenido sobre liderazgo. Charlas por miles. Libros por millones. Cursos por todos lados.

Y sin embargo, nunca tantos líderes se sintieron tan desconectados de su propia gente.

¿Por qué?

Porque la respuesta nunca fue más técnica. La respuesta es más lucidez.

Lo que rompe al líder de hoy no es la falta de método. Es la pérdida de contacto con la realidad.

Demasiados dirigen desde un mundo imaginado porque el real abruma. Pero desde el mundo imaginado no se puede liderar bien.