Trabajé alguna vez con un colaborador que no podía entender que su actitud tenía un impacto negativo en todo el equipo.

Lo evitaban. Lo soportaban. Hablaban de él cuando no estaba. Y él, sinceramente, no lo veía.

Decidí confrontarlo. Con respeto, pero de frente: con la realidad que él no estaba viendo.

No resolví su problema. Él no cambió. Pero el problema del equipo sí se resolvió, porque por primera vez alguien le había dicho lo que era. Eso destrabó al resto.

No siempre puedes salvar a una persona. Pero sí puedes proteger a un equipo.

A veces, decir la verdad es la forma más alta de respeto.